Podcast.

Escudo eclesial frente a las estafas

T4E156.

 A raíz de la decisión cismática de las antiguas clarisas de Belorado de abandonar la Iglesia Católica, se ha dejado ver una circunstancia compartida por otras estructuras eclesiales: cierta debilidad frente a fraudes y engaños que tienen por objetivo levantar los bienes de la Iglesia en beneficio propio. Desde hace varios años, el papa Francisco ha ido impulsando varias oleadas de reformas canónicas orientadas a protegerse de actividades transaccionales similares. No obstante, la resistencia de muchas órdenes religiosas a ponerse en línea con dichas reformas, les coloca en una posición de vulnerabilidad que, a su vez, tiene influencia sobre el conjunto de la Iglesia Universal y más allá. El Vaticano, en lugar de actuar como inmobiliaria de alcance mundial, ejerce más bien como paraguas frente a estafas y otros intentos de engaño que pretenden explotar la ignorancia o la bondad ajenas.

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Portada del episodio t4e156 del pódcast de la revista VN.

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Sobre este episodio

 El episodio 156 del pódcast de la revista Vida Nueva dura , se titula Escudo eclesial frente a las estafas y trata sobre la función del Vaticano como colchón para frenar los abusos económicos que pretenden enajenar los bienes de la Iglesia por medio de estafas o procedimientos que atentan contra los derechos de propiedad.

¿Dificultades para escucharlo?

 No te quedes sin acceder a su contenido. Aquí tienes la transcripción del episodio 156.

 Los episodios del podcast son largos, así que también lo son sus transcripciones. Este texto te llevará varios minutos de lectura; tal vez quieras dejarte cerca un vaso de agua por si lo necesitas antes de llegar al final.

 Ya sabes que hará cosa de un mes, el 13 de mayo, la abadesa de las clarisas de Belorado, sor Isabel de la Trinidad, anunció que su comunidad se escindía de la Iglesia Católica y pasaba a estar bajo la tutela de un hombre excomulgado que, a día de hoy, se presenta a sí mismo como obispo (es el fundador de un grupo sedevacantista que afirma que ningún pontífice es válido más allá de Pío XII, la Pía Unión San Pablo Apóstol).

 Al mirar más de cerca este cisma mediático, nos damos cuenta de que su punto de partida fue la prohibición del Vaticano a una operación de compraventa que tenía que ver con unos monasterios de Bizkaia. Dicha prohibición tiene que ver con la legislación de la Iglesia. Cuando se desee o se necesite vender un bien y este supere el millón y medio de euros, se necesita un permiso explícito de la Santa Sede.

 Tal como podemos leer en Vida Nueva, lo que este caso ha dejado en evidencia es la problemática que puede aparecer con la gestión del patrimonio eclesial. Para el imaginario colectivo, la Iglesia es esa entidad abstracta que posee millones y millones de euros que destina al enriquecimiento y no a la construcción positiva de una realidad más acogedora.

 En este punto, nunca está de más recordar el principio filosófico que se conoce como la “navaja de Hanlon”, que se resume como no achacar a la maldad lo que puede explicarse por medio de la estupidez humana. Por supuesto, en muchos de los escándalos relacionados con compraventa o fraude, hay terceras personas con una maldad manifiesta, es decir con la firme voluntad de aprovecharse de la ingenuidad, el desconocimiento o la necesidad de una persona o de una congregación religiosa.

 Ahí tenemos, por ejemplo, a Gianluigi Torzi, relacionado con el famoso edificio de Londres que incluso habiendo sido vendido por más de doscientos millones de euros supuso pérdidas millonarias para las arcas vaticanas. O también al expresidente del Instituto para las Obras de Religión, Angelo Caloia, que malversó más de 16 millones de euros.

 En todas esas operaciones conviven, como hemos dicho, la ingenuidad con la maldad. Si retrocedemos unos cuantos años, hasta 1982, también podríamos encontrarnos con el escándalo del banco Ambrosiano. En agosto de ese año, la entidad colapsó con más de mil millones de dólares de deuda. Aquella caída fue como un camino de fichas de dominó que destapó una intriga en el Vaticano. Roberto Calvi, antes de ser presidente del Banco Ambrosiano, estuvo creando varias empresas mediante las que lavaba dinero para la mafia de los años setenta.

En un libro de Jason Berry1 sobre idas y venidas de dinero en corruptelas, recogía que Roberto Calvi, director del Banco Ambrosiano, afirmaba que el Banco Vaticano estaba al tanto de la situación de esas empresas de lavado y que, tras los préstamos que dejaron la deuda estaba el propio papa.

 Cuando observamos la estructura del Banco Vaticano vemos que, desde el principio, ha sido susceptible de caer en trampas y redes de ese tipo. Al fin y al cabo, al carecer de una estructura de relación directa con clientes a pie de calle, las operaciones siempre se gestan en despachos y lugares apartados de la vista pública donde todo puede suceder.

 La abogada Jane Tien, de Carolina del Norte, en Estados Unidos, hacía en 20222 un análisis pormenorizado de la lucha del Vaticano contra el fraude fiscal y el lavado de dinero. Repasaba las diferentes oleadas legislativas que han ido blindando ciertas operaciones a base de ensayo y error. En su exposición, Tien argumentaba tres problemas principales con respecto a este combate contra el fraude y el lavado de moneda:

  • La falta de protocolos claros para el descubrimiento de las pruebas, lo que lleva a constantes disputas entre la fiscalía y la defensa en casos de lavado de dinero.
  • La influencia del papa vista como un problema de injerencia. ¿Hasta qué punto es independiente el poder judicial vaticano si el papa es la autoridad suprema?
  • Una escasez de personal. Además, este carece de formación adecuada, lo que dificulta la investigación y el enjuiciamiento eficaz.

 Si estos problemas emergen en una escala global, es lícito preguntarse por otras cuestiones que podrían estar influyendo en la escena local. Por ejemplo, en el caso de una comunidad religiosa que, año tras año, ve cómo sus números se reducen, ¿podría sucumbir ante los cantos de sirena de la primera persona que se presente en su puerta con una cantidad grande de dinero?

 En cualquier caso, esta problemática no afecta solo a la Iglesia Católica. La boca embaucadora habla muchos idiomas. Una revista de la universidad A&M de Texas (Estados Unidos), estimaba el año pasado3 que las Iglesias Cristianas de diferentes confesiones malversaron alrededor de 59 mil millones de dólares en 2022. Son cifras que no vienen respaldadas por estudios contrastados. Sin embargo, el texto sí plantea una cuestión interesante por comparación. Dado que, en Estados Unidos, las iglesias tienen algunas exenciones fiscales, esto las convierte en objetivos claros para agentes del fraude y el abuso. Se define un tipo de crimen concreto, similar al de guante blanco. Lo llaman el crimen del alzacuello.

 Para hacer más entendible ese tipo de delitos, puede ayudar fijar la mirada en algunas iglesias bautistas, donde no hay nadie por encima del líder de la comunidad. Todos los bienes y las finanzas están bajo su control único. Así, en este texto de la universidad tejana, se plantean tres vulnerabilidades propias de estas iglesias separadas de la católica:

  • Falta de supervisión financiera.
  • Resistencia a denunciar a los autores de los hechos, lo que permite que estos reincidan en otras iglesias de las que se hacen cargo.
  • La naturaleza confiada de algunas comunidades religiosas. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días suelen ser estafados mediante fraudes por afinidad.

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 La sombra del conflicto surgido a raíz del cisma de las antiguas clarisas de Belorado y los falsos curas de su entorno es alargada. Leyendo los artículos de esta semana, es fácil caer en la cuenta de eso que muchas veces escuchamos de seguido sin prestarle mucha atención. Somos administradores de la viña, no los dueños de la misma.

 Ahora bien, en momentos de necesidad, ¿es la venta lo primero a lo que se debe recurrir? El constructor Javier Herrán, acostumbrado a colaborar con diferentes entidades eclesiales, opina lo siguiente:

La venta debe ser el último recurso mientras exista la orden o institución propietaria. Antes de llegar a esta solución, se pueden poner en valor distintas fórmulas para generar ingresos recurrentes y no soportar los gastos de mantenimiento, de forma que también se contribuya a aumentar el valor añadido si, llegado el caso, se deseara enajenar.

 Es decir: antes de vender, repensar. Puede haber oportunidades que se estén pasando por alto. Por ejemplo, en el monasterio de Maredret, en Bélgica, la hermana Gertrude decía lo siguiente:

No teníamos ingresos para mantener los edificios. ¿Qué hicimos? Encontrar una solución eficaz.

 ¿Qué solución fue aquella? Se asociaron con un productor de cerveza para que este pudiera utilizar el nombre del convento en una de sus marcas. Ellas, por su parte, realizan catas en las instalaciones y proporcionan algunos ingredientes de los que cultivan dentro de los muros del convento.

 Si necesitas algunas ideas o te apetece conocer un poco más de lo que se hace en otras partes del mundo, hay un pequeño documental disponible gratuitamente en Youtube en el que muestra diferentes adaptaciones de comunidades monásticas para generar ingresos. Aparecen monjas que fabrican y venden más de trescientos mil tarros de mermelada al año, monjes fabricantes de queso y religiosos que cultivan, secan y venden tisana para infusiones, entre otros. Aquí lo tienes:

 No obstante, las posibilidades no se ciñen solo al producto artesanal. Otro modo de reconvertir espacios también pasa por darle un uso distinto a los mismos. Tal como leemos en Vida Nueva, las clarisas del convento Santa María Jesús, de Sevilla, se anuncian en plataformas turísticas para alquilar habitaciones dentro de los muros del convento. Las idas y venidas de los huéspedes, por cierto, no alteran la vida espiritual de las hermanas.

 Ahora bien, para todas esas ideas y otras todavía por pensar, hace falta la valentía de aceptar que no todo debe implicar un anuncio explícito de Jesucristo, sino que hay que saber dejar espacio para que el Espíritu grite en medio de la vastedad del silencio. Las congregaciones que vean en este tipo de iniciativas la oportunidad de hacer aumentar su número de miembros, tal vez necesiten darle un par de vueltas al pensamiento.

 Conviene abrir bien los dos ojos ante propuestas que se presentan como explícitamente cristianas y tienen un trasfondo económico. ¿Por qué? ¿Acaso porque lo cristiano no puede tener relación con lo monetario? Ni mucho menos. Más bien por todo lo que hemos venido diciendo hasta ahora, por esa cierta fragilidad de algunos ámbitos eclesiales que, por ignorancia o buena fe, dejan campar a sus anchas a individuos con ausencia total de escrúpulos.

 Salgamos un momento del ámbito de la Iglesia para entenderlo mejor. En la ley Islámica, hay un concepto llamado Mudaraba que consiste en el préstamo de dinero entre dos partes, con la condición de que los fondos no pueden ser contrarios a esa misma ley islámica, a la Sharia.

 Hará unos veinte años, en Pakistán, se produjo una estafa piramidal de tipo Ponzi relacionada con ese mismo concepto. De hecho, se le conoce como la estafa Mudaraba4. Más de trece mil personas fueron estafadas y el fraude llegó a los quinientos mil millones de rupias pakistaníes. ¿Sabes por qué tuvo tanto éxito esta estafa piramidal? Porque quienes se encargaban de recoger el dinero eran clérigos locales en quienes los vecinos confiaban. Desde la región superior de la pirámide, se transmitía la idea de que había ideas de negocio creíbles, no contrarias a la Sharía e, incluso, que se repartían ciertos beneficios.

 Es por medio de la figura del clérigo que la estafa se pudo poner en práctica. ¿Quiere decir eso el Islam está lleno de estafadores? ¡ROTUNDAMENTE NO!. Lo que pone de manifiesto es la fragilidad humana para confiar en personas a quienes se les tiene afecto, algo compartido en cualquier ámbito religioso del planeta.

 Regresando ahora al tema de la reutilización de conventos y monasterios, en los próximos años va a resultar muy importante no bajar la guardia frente a las palabras amables cuando estas tengan que ver con deshacerse de los bienes de la Iglesia (aunque vengan de parte de un rostro conocido). A este respecto, Juan Ramón Alonso, de Alter Consultores Legales, dice esto a Vida Nueva sobre vender inmuebles eclesiales:

Antes que nada, tenemos que recomendar que, por tratarse de operaciones extraordinarias, busquen el consejo legal. Tras ese primer paso, se comunicarán con el ordinario del lugar, para darle cuenta de su voluntad o pedirle consentimiento y, más tarde, sin su oposición, procederán preparando ya el negocio jurídico y solicitando las autorizaciones. En todos los compromisos previos a la formalización debería constar la condición suspensiva de la operación a las autoridades eclesiásticas
.

 Es decir, que la precaución siempre debe ir encaminada a dejar todo acuerdo formal en suspenso hasta recibir la autorización de la Iglesia. Al fin y al cabo, ya estás al tanto de lo ocurrido en Belorado, donde hay quien se ha propuesto vender bienes que no le pertenecen.

 Venimos insistiendo una y otra vez en la atención debida a todo lo que tenga que ver con la gestión patrimonial. Vamos ahora a añadir una capa de ideas extra. En 2021, un grupo de investigadores de economía y recursos humanos5, describieron un efecto de desbordamiento que tenía lugar cuando los escándalos de una confesión cristiana afectaban a otra denominación diferente. Enumeran varios escándalos financieros en Alemania:

 Estos investigadores sugieren que los escándalos de abusos sexuales y financieros no solo tienen impacto sobre la tasa de salida de miembros de la Iglesia Católica, sino que también afectan a otras denominaciones cristianas por un fenómeno global de desafección hacia las instituciones religiosas.

 De esa manera, según lo propuesto por este grupo, se produce un desbordamiento en relación con los escándalos religiosos. Es más, analizando la tendencia de salida dentro de las diferentes Iglesias, resulta que esta no es lineal, como podría pensarse. Hay picos de gente que abandona las filas de los bautizados cuando se produce la revelación de algún hecho escandaloso.

 La relación con el tema de hoy está clara. Si, llegado el momento de desprenderse de bienes inmuebles (o también de adquirirlos), resulta que se destapan tramas de engaños o corruptelas diversas, estos acontecimientos afectarán de manera negativa a las filas menguantes de la Iglesia y, además, también tendrán un impacto negativo sobre otras religiones.

 Por tanto, decisiones como la de los conventos de Bizkaia que querían vender las monjas de Belorado no pueden ser tomadas a la ligera. Javier Benito Olalla, gestor patrimonial, incide en ello en las páginas de Vida Nueva:

Una vez que sabemos qué tenemos que vender, es el momento de plantearse: ¿para qué vender? Aquí hay dos tipos de criterios de decisión complementarios: criterios de misión/carisma y criterios financieros. Entre los primeros, podemos encontrar el mantenimiento de la presencia religiosa, la continuidad de la misión, no tener que despedir a los trabajadores de un centro educativo... Y entre los segundos, sin duda, está obtener cuantos más recursos económicos mejor para poder utilizarlos en la misión de nuestra institución
[...]
En general, los procesos de venta tendrán múltiples aristas, complicaciones y situaciones que resolver. Por ello, contar con un profesional que nos ayude a navegar por esas aguas puede ser la clave del éxito o el fracaso de la operación.
[...]
Los siguientes pasos son la búsqueda del comprador y el cierre de la operación. No es lo mismo vender un piso que un convento; no es lo mismo vender un convento en un pueblo que en medio de una ciudad; y tampoco es lo mismo que el inmueble esté ubicado en una ciudad que en otra.

 Después de todo lo dicho sobre fraudes, ventas engañosas, litigios y todo tipo de problemas relacionados con los bienes de la Iglesia, parece más que evidente que contar con asistencia experta resulta fundamental. Además, hay que saber discriminar adecuadamente la idoneidad de dicha asistencia para no caer en engaños como el aparentemente perpetrado por Gianluigi Torzi con la venta de un bloque de edificios o también se puede caer en redes de inversión como la de la Mudaraba en Pakistán. A su vez, cuando la operación se descubra y se produzca el escándalo público, habrá un pico de salidas de la Iglesia Católica lo que, por su parte, afectará negativamente a otras religiones, incentivando la pérdida de confianza pública en las instituciones religiosas.

 En definitiva, muchas cosas que se suceden una tras otra.

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citas:

1Berri , J. (2011), Render Unto Rome. The secret life of money in the Catholic Church. Crown Publishing Group.

2Tien, J. (2022), From The Vatican With Cash: Prosecuting Money Laundering In London Real Estate. U. Miami Int'l & Comp. L. Rev., 30, 1.

3Grumbles, P. B. (2023), Clerical-Collar Crime: How Church Members Deal When Church Leaders Steal Church Property. Tex. A&M J. Prop. L., 9, 83.

4Ullah, I., Ahmad, W., & Ali, A. (2022), Determinants of investment decision in a Ponzi scheme: Investors’ perspective on the Modaraba scam. Journal of Financial Crime, 29(4), 1172-1190.

5Frick, B., Moser, K., & Simmons, R. (2021), Spillover effects of scandals on exits from the Catholic and Protestant churches in Germany. Journal for the Scientific Study of Religion, 60(3), 482-497.

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Más episodios

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